Curriculum Vitae | BIBLIOTECA JURIDICA VIRTUAL | LA EUTANASIA
LA EUTANASIA
     
   
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INTRODUCCION

El tema de la eutanasia es una realidad que siempre nos ha preocupado. Fue ese el motivo fundamental por el cual deseamos investigar y profundizar, quizá con un deseo oculto de mitigar algunas dudas y justificar o explicar algunos deseos que, movidos por el dolor ajeno, no eran, en muchas ocasiones, consecuentes con nuestros principios católicos.

Es así, como el presente trabajo pretende brindar una visión, en primer lugar de la muerte, su concepción y etapas, escudriñando un poco en el misterio que acarrea este fenómeno que culmina con nuestra vida, -por lo menos-, en el ámbito la terrenal, para luego entrar en el tema específico de la eutanasia, entendida como una de las tantas formas del morir humano.

Se habla mucho sobre el "derecho a morir con dignidad". En la investigación realizada se pretende, asimismo, mostrar los diversos sentidos que se le otorga a dicho concepto para luego, concluir, bajo nuestro punto de vista cuál consideramos es el verdadero.

Finalmente, se señalarán una serie de casos que sobre la eutanasia se han presentado, a fin de escapar de meras disquisiciones teóricas y observar qué sucede en el mundo y a qué tendemos en lo que a la muerte asistida se refiere.

Debo asimismo señalar que el tema es y será siempre sumamente complicado (aún en el supuesto impensado que la eutanasia llegue a legalizarse en todos los países del mundo, pues la dación de una ley positiva no podrá aliviar el alma de las personas), pues se entremezclan una serie de sentimientos encontrados: por un lado el inmenso dolor de contemplar a un ser querido agonizando, sufriendo -tanto física como espiritualmente-, pidiendo y, hasta suplicando, que se termine con su martirio y; por otro lado, el deseo a que el ser querido se aferre a la vida, con la esperanza de lograr su curación y la negación a toda posibilidad de irrogarse la facultad de decidir sobre la vida de otro. La decisión no es ni será nunca nada fácil.

I. CONCEPCION DE LA MUERTE.

El fenómeno de la muerte, es uno de los hechos inevitables de la existencia humana. Esta realidad, no desecha de modo alguno el misterio del por qué de la muerte. A través de la historia, la muerte ha sido objeto de un sin número de nociones.

Consideramos relevante para efectos de una mejor comprensión del presente trabajo, hacer una breve referencia a las distintas concepciones que, sobre la muerte se han planteado:

a) Como Concepto Cultural: Esta concepción proviene, fundamentalmente de la diferenciación del hombre y del animal. Así ..."la muerte es, probablemente, el rasgo más cultural del hombre, ya que significa una ruptura absoluta entre su mundo y el del animal" . Esta concepción se refiere al hecho de que el hombre es el único ser que entierra a sus muertos. Esa actitud que se plasma en la relación de hombre-muerte-cadáver, implica una característica cultural que lo diferencia de los animales.

Por otro lado, consciente o inconscientemente, el fenómeno de la muerte rodea la vida del ser humano; así, sus temores, angustias, etc. que se presentan frente a la muerte, marcarán nuestra personalidad y, por ende, nuestro estilo de vida.

Podemos concluir que, teniendo en cuenta las distintas realidades de cada pueblo, el concepto cultural de la muerte variará, pues las costumbres difieren unas de otras. Para llegar a conocer estas distintas nociones y su influencia en el quehacer humano, debemos analizar diversos aspectos de cada pueblo: religión, filosofía, psicología, derecho, etc. Claro ejemplo de esto, se da en el pueblo egipcio, netamente religioso, que organizó su vida en función a la muerte.

b) Como un proceso biológico: El ser humano nace, crece, se reproduce y muerte. La muerte viene a ser el final de una vida; pero ¿cómo termina una vida?. No podemos ignorar la presencia definitiva del elemento biológico que determinará la finalización de una existencia.

La muerte, analizada desde un punto de vista biológico..."implica la extinción total de las células que conforman los órganos y tejidos. Esta muerte celular se produce de una manera gradual y diferenciada. El hombre no muere en un solo instante, va muriendo por etapas, por ello se habla de muertes parciales”. Al señalar que el hombre no muere en un solo instante se intenta decir que no todos los tejidos mueren simultánemente, algunos soportan más que otros. Es el caso, por ejemplo, del tejido cerebral, el que se deteriora rápidamente por efecto de insuficiencia de oxígeno.

Ahora bien, como hemos anotado, no todos los tejidos se degradan simultáneamente, pero resulta imposible esperar a que esto suceda, ya que en el momento en que podría enterrarse al cadáver, éste ya se encontraría en estado de putrefacción. Por ello, culturalmente hablando, se ha tenido que determinar -dentro de una etapa del proceso biológico- el instante de la muerte. Pero, más allá de preocupaciones culturales de la naturaleza acotada anteriormente (situación del cadáver en el momento de ser enterrado) cabe señalar un argumento más importante y coherente que esbozan dos autoras, recogiendo la Declaración de Sidney sobre la muerte, cuando señalan que la muerte "es un proceso gradual a nivel celular, variando la capacidad de los tejidos para resistir la privación de oxígeno", y agregan "no obstante, el interés clínico no reside en el estado de conservación de células aisladas, sino en el destino de una persona" . Con este sustento, el ser humano es visto desde un punto de vista ontológico, en una concepción integral.

Dentro de la concepción de la muerte biológica, podemos encontrar que la muerte pasa por una serie de etapas que consideramos importante señalar:

1. Muerte Relativa: Algunos autores la denominan "muerte aparente". Se presenta cuando las funciones superiores del sujeto, es decir, las funciones respiratorias, cardiovasculares y nerviosas se han suprimido, pero no de manera irreversible, es decir, cabe la posiblidad de que vuelvan a funcionar.

2. Muerte Intermedia: Se presenta cuando las funciones superiores -anteriormente citadas- son suprimidas de manera irreversible. No cabe, por ende, la posibilidad de un restablecimiento. No obstante ello, se denomina intermedia pues existen aún un grupo células que superviven biológicamente. Como señala Jorge Avendaño, en esta etapa ..."el retorno espontáneo a la vida es verdaderamente imposible"

3. Muerte Absoluta: Se presenta cuando todas las células del organismo humano se extinguen. Es aquí donde podemos hablar de una muerte biológica. No se encuentra ningún vestigio de vida celular.

Resulta evidente, no esperar hasta la última etapa de la muerte biológica, por los motivos expuestos anteriormente, por lo que se ha adoptado la posición de determinar una "muerte clínica", que sería la denominada "muerte intermedia", es decir, con el fin irreversible de las funciones superiores del ser humano.

MUERTE CLINICA

Hace no mucho tiempo, se consideraba que una persona había fallecido cuando su corazón había dejado de latir, pero esta consideración ha sido ampliamente rebasada por el avance de la ciencia, que permite, las operaciones de transplante de corazón. Así, "el fallo del corazón ha perdido el valor significativo de la irreversibilidad que es propia de la muerte. En condiciones favorables, el corazón sobrevive a la interrupción del riego sanguíneo de una a una hora y media; los riñones, dos horas y media; el hígado, de veinte a terinta minutos; los pulmones, de treinta a sesenta minutos; el cerebro, a lo sumo, de ocho a diez minutos."

Es así como tomando como referencia los datos señalados precedentemente, se define la muerte a partir del cerebro y no del corazón. Por ello, una persona es considerada clínicamente muerta cuando se ha producido una degeneración irreversible en su masa cerebral, que -hasta el momento- ningún avance científico ha podido revertir.

El concepto de la "muerte clínica" o "muerte cerebral" ha podido ser desarrollada debido al avance en la ciencia médica que hizo "reversible" -ayudada con métodos artificiales de reanimación o transplantes-, la supresión de las funciones respiratoria y cardiovascular. Habrá pues, muerte cerebral, cuando ha cesado definitiva e irreversiblemente las funciones cerebrales aún en caso que el paciente siga respirando y su corazón siga latiendo.

II. LA MUERTE: UN MISTERIO

El Ser Humano, movido por cualquiera de las religiones que profesa ha demostrado su creencia hacia una vida después de la muerte. Por ejemplo, en el caso de los egipcios, éstos lo manifestaban a través de sus imponentes monumentos funerarios. La coincidencia entre las religiones diversas es que tal como se ha vivido comúnmente, el hombre ha vivido en un estado de simple apariencia, colmado de sufrimientos, ..."separado de su última realidad, que es su verdadero hogar y constituye su verdadera libertad e identidad...El sentido del ser llega a su plenitud en su final. La muerte ..., el gran misterio, no es una destrucción sino la plenitud."

No obstante que el ser humano tiene conciencia -por lo menos- en la mayoría de los casos, que al morir, pasará a un estadio superior y pleno como se mencionó anteriormente, investigaciones realizadas por la doctora Kubler-Ross quien efectuó una observación en más de 2000 pacientes, la llevaron a determinar que se presentan varias fases en el morir, que varían según cada individuo y que no necesariamente se presentan en el mismo orden:

1. Primera Fase: Sean no o no religiosos, ante la noticia de una próxima muerte, reaccionan con extrañeza e incredulidad. Esta fase puede durar desde segundos hasta meses.
2. Segunda Fase: El paciente presenta una serie de sentimientos negativos como ira, enfado, resentimiento, envidia; sentimientos dirigidos, fundamentalmente, contra el personal que los atiende y contra su familia.
3. Tercera Fase: Negociación sobre una posible prolongación de la vida
4. Cuarta Fase: Depresión, abandono ante lo que se considera inevitable
5. Quinta Fase: Con ayuda externa, la aceptación de lo inminente, la capacidad de desprenderse de la vida terrenal, confiándose con entrega y consuelo a su última realidad.

Ante el misterio de la muerte, el conocimiento de estas fases en los pacientes terminales, ayuda a los profesionales de la salud y a la propia familia del moribundo a no contemplar en forma externa el fenómeno de la muerte sino a participar de ella para acompañar al enfermo, compartiendo de alguna forma sus temores, depresiones, angustias o cualquier otro tipo de sentimiento que una persona que sabe que el fin de su existencia se encuentra próxima, puede experimentar.

Al hablar de morir con dignidad, podemos referirnos, no sólo al hecho de aliviar los dolores de un enfermo, sino a un trato más humano y esto es, la dedicación que el médico pueda brindarle al enfermo. Más allá de lo que significa su obligación por una contraprestación económica, está el deber moral de todo profesional de la salud de "acompañar" y "compartir la muerte" con el moribundo. Mantener en el lugar donde se encuentra el paciente (clínica, hospital, centro de salud, etc.) un clima humano y un contínuo diálogo hasta que llegue el final. Así también, juega importante rol el de los familiares, amigos (sobre todo y principalmente cuando el tratamiento médico ya finalizó y no resta otra alternativa que trasladarlo del hospital a su casa) quienes deberán sobrellevar el dolor que los inunda al contemplar con entereza y fuerza a un ser querido en cada instante de consumación, brindándole cariño, paciencia, comprensión ante los distintos estados de ánimos que los tratamientos y medicinas pueden provocar en el paciente.

Concluyendo este punto podemos señalar que ante el gran misterio de la muerte inminente, una de las connotaciones, sino la más importante del concepto "morir con dignidad" se resume en lo siguiente: "Dedicar tiempo y paciencia a los enfermos terminales es quizá el último y mayor regalo que podemos ofrecerles: tiempo para escuchar su inseguridad, sus preocupaciones y miedos, para darles un poco de consuelo, también para recitar con ellos una oración" ; dicho pues, en pocas palabras: Un "acompañamiento Humanitario".

III. ANTECEDENTES DE LA CONCEPTUALIZACION DE LA PALABRA EUTANASIA

El vocablo "eutanasia", en un sentido etimológico, proviene de dos voces griegas: "eu", que significa "bueno" y "thánatos", que significa "muerte". Ambos vocablos, en sentido literal, nos llevan al concepto de "buena muerte".

Al pasar los años, se deja la literalidad de los vocablos para brindar diversas connotaciones a la palabra eutanasia: "muerte rápida y sin tormentos", "bella muerte", "muerte misericordiosa", "muerte tranquila y fácil", "muerte piadosa", etc.

El concepto de eutanasia, como acota Vidal Marciano , ha pasado en la historia por cuatro usos principales:

a) Uso Inicial: El hecho de tener un "morir bueno", es decir, sin dolor alguno. Es visto desde la perspectiva grecorromana donde no se alude al hecho de la ayuda a morir, sino simplemente al mismo hecho de morir bien, sin dolor alguno.

b) Uso Religioso: Aquí entra a tallar el concepto del cristianismo como "morir en el Señor" y se sustenta básicamente en el siguiente postulado: "Dios es el Dios de la vida y de la muerte. Da la vida y la quita sin que el hombre pueda cambiar en nada esta ley".

En virtud a ello, resulta lógico pensar que la palabra "eutanasia" no aparece dentro del cristianismo por un largo período. No obstante ello, podemos explicarla cuando el cristianismo más bien, puntualiza su sentido agónico, y establece que ..."por la agonía y sus sufrimientos el paciente se asemeja a Cristo y unido a El se purificca y se prepara para la otra vida. En ese contexto, no es permitido ningún tipo de razón capaz de alterar el curso de los hechos, ni directa ni indirectamente, sobre los enfermos. . Bajo este orden de ideas, la eutanasia, es decir el "morir bien" se entendía como un sacrificio, un ofrecimiento, una entrega sin ninguna condición, una forma de redención de los pecados.

c) Uso médico (época del Renacimiento)

En la época del Renacimiento ya se empieza a tratar al concepto de eutanasia, desde un punto de vista físico. Por ello, se subraya el buen morir en un plano físico, como el final de un proceso de salud y de la vida del hombre. Así ..."la muerte es el último acto de la vida y ha de ser tratado como algo que pertenece al hombre, a quien hay que ayudar a enfrentarse a la muerte con todos los recursos que se dispone."

Resulta importante a efectos de comprender cómo evoluciona el sentido del término "eutanasia" en la época del Renacimiento, citar un párrafo del libro "Utopía" de Tomás Moro, quien escribe en el año 1516, centrando el tema dentro de los parámetros establecidos por la medicina, la moral y la persona humana:

"Ya dije que se esmeren en la atención de los enfermos. No escatimen nada que pueda contribuir a su curación, trátese de medicinas o alimentos. Consuelen a los enfermos incurables, visitándolos con frecuencia, charlando con ellos, prestándoles, en fin, toda clase de cuidados. Pero cuando a estos males incurables se añaden sufrimientos atroces, entonces los magistrados y los sacerdotes se presentan al paciente para exhortarle. Traten de hacerle ver que está ya privado de los bienes y funciones vitales; que está sobreviviendo a su propia muerte; que es una carga para sí mismo y para los demás. Es inútil, por tanto, obstinarse en dejarse devorar por más tiempo por el mal y la infección que le corroen. Y, puesto que la vida es un puro tormento, no debe dudar en aceptar la muerte. Armado de esperanza, debe abandonar esta vida cruel como se huye de una prisión o del suplicio. Que no dude, en fin, liberarse a sí mismo o permitir que se liberen los otros. Será una muestra de sabiduría seguir estos consejos, ya que la muerte no le apartará de las dulzuras de la vida, sino del suplicio. Siguiendo los consejos de los sacerdotes, como intérpretes de la divinidad, realizan incluso una obra piadosa y santa.
Los que se dejan convencer ponen fin a sus días, dejando de comer. O se les da un soporífero, muriendo sin darse cuenta de ello. Pero no eliminan a nadie contra su voluntad, ni por ello le privan de los cuidados que le venían dispensando. Este tipo de muerte se considera algo honorable.
Pero el que se quita la vida -por motivos no aprobados por los sacerdotes y el senado- no es juzgado digno de ser inhumado o incinerado. Se le arroja ignominiosamente a una ciénaga."

Al analizar el párrafo precedente se encuentran los siguientes puntos de relevancia:

1. Propugna una atención especial y esmerada hacia los enfermos;
2. Debe tratarse de un enfermedad que por su naturaleza incurable sea imposible de tolerar, que quita el sentido total a la vida, por lo que justifica y legitima el uso de la eutanasia;
3. Toma en consideración los derechos de la persona en cuanto a su responsabilidad moral y a su libertad;
4. Al referirse a los magistrados, -como representantes de una sociedad al que el enfermo pertenece-, y a los sacerdotes, -como aquéllos llamados a interpretar lo "divino"-, deja entrever la existencia de una sanción social y de una sanción religiosa y;
5. Hace una clara distinción entre la "eutanasia" y el "suicidio", catalogándolas de "honorable" -en el primer caso-, y de "crimen", en el segundo.

d) Otros usos (siglos XIX-XX)

Es ya entre los siglos XIX y XX donde la noción de eutanasia trae consigo una mixtura en las realidades ético-médico-jurídico-social respecto al fenómeno del morir humano. Se presenta como un problema que preocupa a la Sociedad, e incluso, fomenta la aparición de distintas posiciones: permisivas o detractoras. Los distintos sectores de la sociedad consideran varios conceptos como por ejemplo:

1. Eutanasia Agónica: Se encuentra dentro de la línea de los humanistas del Renacimiento: "ayudar a morir sin dolor" o "interrupción de la vida en la fase terminal".

2. Eutanasia Social o Eugenésica: Este tipo de eutanasia es propiciada por movimientos sociales, políticos, racistas, que surgen en el siglo XIX, plasmándose, más tarde, en ideologías como la Nazi. Así, la eutanasia estaría dirigida a "los parásitos de la sociedad", es decir, los niños subnormales, los enfermos mentales, los incurables, los que pertenecen a las razas inferiores, etc.

Está por demás señalar, que este tipo de eutanasia es impracticable hoy en día, proviene de mentes insanas sin ningún tipo de respeto por la vida humana.

3. Eutanasia en un sentido generalizado: Entendida como "una acción u omisión que por su naturaleza, o en la intención, causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor."

Ante esta diversidad de concepciones de eutanasia, Marciano Vidal , intenta
-utilizando ciertos criterios y analizando la realidad actual-, brindar un nuevo concepto de eutanasia:

"Conjunto de intervenciones que hacen posible el morir humano como paso de la naturaleza al reino de la libertad". En esta definición, el autor, entiende al morir humano como "naturaleza-imposición"; y el morir, como "libertad".

Asimismo, el autor, analiza un conjunto de aspectos que deben ser coordinados para poder comprender a cabalidad este fenómeno:

- una base: la muerte clínica (se debe brindar una definición precisa);
- las técnicas biomédicas de prolongación de la vida;
- medios proporcionados y desproporcionados;
- humanización del morir;
- aspectos asistenciales y;
- derecho a morir dignamente.

IV. PROBLEMATICA ETICA QUE PRESENTA LA APLICACION DE LA EUTANASIA

Al momento de decidir si un paciente debe ser o no sometido a una "muerte por piedad" (eutanasia, ya sea activa o pasiva), parece presentarse un conflicto de valores. Por un lado, el respeto por la inviolabilidad de la vida humana, y por otro, una exigencia ética de morir con dignidad, encarnizado, éste último, al igual que el primero, en la totalidad axiológica o valorativa de la persona.

4.1. LA EUTANASIA: EL DERECHO A MORIR DIGNAMENTE.

Ahora bien, al hablar de "derecho a morir dignamente", no podemos entender el vocablo "derecho" dentro del ámbito jurídico-legal sino más bien, dentro del espectro de la ética y la moral y, por otro lado, la expresión "morir" se refiere más bien a la forma de morir y no al hecho de la muerte en sí.

El autor Marciano Vidal , señala que el derecho del hombre a morir dignamente tiene un contenido real que presupone una serie de exigencias que han de ser realizadas mayormente por parte de la Sociedad:

1. Atención al enfermo en estado terminal (con todos los medios e instrumentos que en la actualidad posee la ciencia médica con el fin de aliviar el dolor, aunque estas terapias sirvan para acortarle la vida y sume al paciente en un estado de insconsciencia. Sin embargo no puede negársele al moribundo el asumir su propia muerte en un estado de consciencia tal que impida que le suministren tales medicamentos aunque tenga dolores;

2. No privar al moribundo del morir en cuanto "acción personal"; pues el morir es la suprema acción del hombre;

3. Liberar a la muerte del "ocultamiento" a que es sometida en la sociedad actual encerrándola en la clandestinidad;

4. Organizar un servicio hospitalario adecudao a fin de que la muerte sea un acontecimiento asumido conscientemente por el hombre y vivido en comunidad y;

5. Favorecer la vivencia del misterio humano-religioso de la muerte; la asistencia religiosa cobra en tales circunstancias una importancia especial.

4.2 CUESTIONES ETICAS DE SITUACIONES EUTANASICAS.

Estas situaciones se refieren, básicamente, a la posición del paciente que considera preferible acortar su vida, adelantando la muerte por diversos motivos como:

- evitar una agonía prolongada;
- liberación de grandes sufrimientos;
- deshacerse de "vidas inútiles";
- hacer del morir una "elección libre", etc.

Las situaciones eutanásicas, vistas desde el punto de vista de la ética, son aprobadas o rechazadas teniendo en cuenta la forma de resolver el supuesto conflicto ético entre la continuación de la vida humana y el derecho a morir dignamente.

Estas situaciones pueden clasificarse de la siguiente manera:

a) Eutanasia Personal: es la realizada por opción del paciente enfermo, uno de sus familiares o una tercera persona legítimamente interesada y;

b) Eutanasia Legal: es la despenalizada, es decir, la permitida o amparada por una ley.

Tanto una como la otra, puede llevarse a cabo por diversos motivos como: aliviar el dolor de un paciente, terminar con el dolor agonizante de un soldado en medio de una batalla, por propia decisión del enfermo en fase terminal, etc.

Al analizar el primer caso -eutanasia personal- la pregunta obligada es ¿ existe tal conflicto ético entre el valor vida y el de morir con dignidad que nos conmina a tomar una decisión aceptando una frente a otra?

Consideramos que no existe tal conflicto ético,la vida humana está por encima de cualquier otra consideración, es más el hecho de considerar un conflicto y decidir por la segunda opción, apoyaría la tesis utilitarista del ser humano y caeríamos en el peligro de condenar a nuestros enfermos en la arbitrariedad de los que poseen poder y el nivel de la moral decaería enormemente en la Sociedad.



4.3. CUESTIONES ETICAS DE SITUACIONES DISTANASICAS.

La palabra "distanasia" está relacionada al término de la "reanimación". Mediante distanasia se pretende poner "distancia" entre la vida y la muerte a través no sólo de medios ordinarios, sino también de extraordinarios altamente costosos. La realidad que se contrapone con la distanasia es la adistanasia o antidistanasia, también entendida como la "muerte en paz", es decir el no proporcionarle al enfermo los medios necesarios para alejar o prolongar su muerte. Es también la llamada "eutanasia pasiva".

La distanasia se aplica fundamentalmente, porque se cuenta con una esperanza cierta o incierta de que el paciente, puede, en alguna forma, llegar a recuperarse. Es así, como comprendería tanto el paciente en estado vegetal como el que goza de una vida plenamente humana pero necesita, para conservarla aunque sea en forma precaria o por corto tiempo, de tratamientos por encima de lo normal.

El problema ético que aquí se plantea es: ¿el respeto por la vida humana supone aceptar una terapia distanásica o el derecho a morir dignamente apoya la tesis de la antidistanasia?

Consideramos que el derecho a morir con dignidad va de la mano con las técnicas antidistanásicas, pues no podemos alargar "artificialmente" la vida de un ser humano cuyo final, por su propia naturaleza, ya ha llegado. Eso, sería bajo nuestra óptica personal católica, ir más allá de lo determinado por nuestro Creador.

Así, es en este punto donde resulta importante recordar lo que señalamos líneas arriba sobre la determinación de la muerte biológica como la muerte cerebral. Así, si llegamos a la conclusión de que la función cerebral de un ser humano ya no existe, está clínicamente muerto, no sería moralmente procedente, alargar una "vida" -por medio de instrumentos de reanimación artificial- que podrá tan sólo contar con funciones respiratorias y cardiovasculares pero que sin funciones cerebrales no podrá continuar realizándose como persona. Por ello, en tales situaciones, consideramos que no resultaría inmoral, suspender el tratamiento distanásico.

Para apoyar nuestra opinión, respecto a este último punto, consideramos importante citar lo que expresó el Papa Pío XII en 1957: "Si es evidente que la tentativa de reanimación constituye, en realidad, para la familia, tal peso que no se le puede en conciencia imponer, ella puede insistir lícitamente para que el médico interrumpa sus intentos, y el médico puede condescender lícitamente con esa petición. No hay en este caso ninguna disposición directa de la vida del paciente, ni eutanasia, la cual no sería lícita. . Asimsimo, el Cardenal Villot, secretario de estado,, mediante carta dirigida en representación del Papa a la Federación Internacional de las Asistencias Médicas Católicas, escribió, en 1970: "En muchos casos, ¿no sería una tortura inútil imponer la reanimación vegetativa en la última fase de una enfermedad incurable? El deber del médico consiste más bien en hacer lo posible por calmar el dolor en vez de alargar el mayor tiempo posible, con cualquier medio y en cualquier condición, una vida que ya no es del todo humana y que se dirige naturalmente hacia su acabamiento"

Existe además otra situación en la que debe dejarse morir al paciente, y es el caso en que el aplicar tratamientos u operaciones quirúrjicas servirán únicamente para "alargar cortamente" la vida del mismo pero provista de transtornos físicos o psicológicos. En este caso, sería éticamente válido no aplicar estos instrumentos extraordinarios y dejar morir al paciente. Así por ejemplo, ante casos como el del enfermo inmerso en estado de coma irreversible o de los enfermos en uso de razón pero en etapa terminal, mantenidos en vida a través de máquinas artificiales, sin esperanza alguna de poderse recuperar, no existirá obligación moral de recurrir a medios extraordinarios, o en caso que se vengan utilizando, mantenerlos y no decidir suspenderlos.

Consideramos ante estas situaciones que la diferencia entre "dejar morir" y "hacer morir" marca una clara línea entre lo moral y lo inmoral.

4.4. CUESTIONES RELACIONADAS CON LA EUTANASIA

4.4.1 LA EUTANASIA QUE NO ADMITE DISCUSION.

Sobre el tema de la eutanasia ha existido y existe actualmente una discusión interminable; no obstante ello, debemos señalar tres puntos en los cuales por lo menos, no se admite controversia alguna:

- Rechazo ante toda forma de eutanasia que resulte impuesta, es decir,
contra la voluntad del enfermo terminal. Por ejemplo, en la actualidad consideramos un asesinato la matanza de supuestas "vidas sin valor", de enfermos psíquicos, etc.

Así, pues, éstos son actos de extrema crueldad, inaceptables desde
cualquier punto de vista.

- Aceptación de una eutanasia sin acortamiento de la vida. Esto es, el suministro de medicamentos que mitigan el intenso dolor que un paciente pueda sufrir. Constituye, pues un ingrediente importante a la "muerte digna", ayudar a que los dolores del enfermo se reduzcan en una medida tolerable.

- Aceptación ética responsable de la eutanasia con acortamiento de la vida como efecto secundario. Esto se traduce en el hecho de que ningún paciente se encuentra obligado a aceptar una medida de tipo extraordinaria para prolongar su vida, es decir, que se le practique cualquier operación o tratamiento que pueda extenderle la vida.

Corresponderá, pues al paciente, luego de ser debidamente informado,
decidir sobre sí mismo, en virtud al principio de la Autonomía que posee todo
ser humano, adoptando criterios y posturas sin la imposición de terceras
personas. Este es un derecho del enfermo.

Respecto a este último punto, resulta innegable el hecho de que ningún médico tiene el deber de proseguir indefinidamente un tratamiento, por el contrario, podrá permitir que el paciente muera en forma natural.

4.4.2 LA EUTANASIA QUE SI ADMITE DISCUSION

Lo que sí es claramente discutido, es la llamada "eutanasia activa", aquélla cuya finalidad directa es la de acortar la vida, más conocida como la "muerte misericordiosa".

En cierto que en una primera etapa, existía un gran rechazo frente a la eutanasia activa, sin embargo, con el pasar de los años, este rechazo viene debilitándose, habiendo inclusive surgido variadas organizaciones y movimientos a favor de la eutanasia activa y, asimismo, de la despenalización de la "muerte misericordiosa". Así, en el mes de agosto de 1976 se llevó a cabo la primera conferencia mundial que agrupó a estos movimientos "pro-eutanasia", proclamándose la "Declaración de Tokio" con el siguiente contenido :

- Cada persona debe decidir por sí misma sobre su vida y su muerte;

- Las estipulaciones de los enfermos sobre su proceso a morir o "testamentos vitales", deberán reconocerse como derechos humanos y;

- Deberá reconocérseles (a los testamentos vitales) validez legal.

Resulta pues una cuestión fundamental dilucidar si corresponde también dentro del concepto de "muerte digna", el hecho de que la persona (hablando exclusivamente de aquel enfermo en situación muy grave que ha manifestado su deseo de morir) pueda disponer, en uso de razón, sobre el momento, modo y manera de su muerte.

4.4.3 ARGUMENTOS EN CONTRA DE LA EUTANASIA

- La vida humana se presenta como un "regalo o don proveniente de Dios", es la creación exclusiva de Dios, por lo que no estamos en condiciones de disponer de él;
- El hombre deberá soportar hasta el fin lo dispuesto por Dios;
- El hecho prematuro de finalizar con la vida voluntariamente, significa una clara negativa o rechazo al "señorío universal de Dios y de su amorosa providencia";
- Esto, transgrede la ley divina, se configura en una ofensa a la dignidad de la persona.

Sobre este punto, consideramos necesario citar lo que la Iglesia Católica, a través del Nuevo Catecismo señala :

"Aquéllos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto esencial: las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible. Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas.
Es moralmente inaceptable. Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye una homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre.

La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el "encarnizamiento terapéutico". Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones pueden ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o, sino por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente.

Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados."

Es así como observamos que la Iglesia Católica es categórica al rechazar la muerte de un ser humano, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Así, "nadie puede pedir un gesto homicida para él mismo o para otros confiados a su responsabilidad, ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata en efecto, de una violación divina, de una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida y de un atentado contra la humanidad."

No obstante el contundente rechazo de la Iglesia hacia la eutanasia, debemos precisar como bien establece el Catecismo que la Iglesia no se opone a la aplicación de medicamentos que alivien el dolor del paciente. Resulta, asimismo, indispensable, además de los cuidados que les profesan los profesionales de la salud, el amor, el calor humano de los familiares y amigos del paciente, lo que permitirá que éste pueda llevar de la mejor forma su enfermedad. Respecto a este tema, consideramos pertinente citar la declaración del Papa Pío XII, ante la siguiente pregunta de un grupo de médicos: "¿Si la supresión del dolor por medio de narcóticos está permitida al médico y al paciente por medio de la religión y la moral, incluso cuando la muerte se aproxima o cuando se prevé que el uso de narcóticos abreviará la vida? El Papa respondió:, que "si no hay otros medios y si en tales circunstancias, ello no impide el cumplimiento de otros deberes religiosos y morales, sí está permitido."

Finalmente, consideramos importante mencionar que el 27 de febrero de 1999, el Papa Juan Pablo II pronunció un discurso ante la Academia Pontificia para la Vida sobre la Eutanasia y el Suicidio Asistido (ver Anexo 1) donde señaló que para el tema en referencia existen tres dimensiones:

1. Dimensión Socio Cultural: más bien definida como "ocultación de la muerte", es decir que las sociedades organizadas bajo el criterio de la búsqueda del bienestar material consideran a la muerte como algo sin sentido, y, por lo tanto, proponen, en ocasiones, su anticipación indolora. Es aplicada pues, la llamada "cultura del bienestar", lo que implica que frecuentemente el ser humano es incapaz de captar el sentido de la vida en las situaciones de sufrimiento y limitación, que se dan cuando se acerca la muerte.

2.Dimensión Filosófica e Ideológica: esta dimensión apela al prinicpio de autonomía absoluta del ser humano, irrogándose la propia creación y autoría de su vida.

3. Dimensión Médica y Asistencial: expresada en la tendencia a limitar el cuidado de los enfermos graces, los cuales son enviados a centros de salud que generalmente no son capaces de brindar una asistencia personalizada y humana. Como consecuencia de ello, el enfermo se encuentra aislado, sin contacto con su familia.

El Papa Juan Pablo II, también se refiere y rechaza rotundamente la llamada "ética utilitarista", por la cual, muchas sociedades tienden a regularse por los criterios de productividad y eficiencia. Así, los enfermos no son considerados "productivos" dentro de un contexto de "costo-beneficio"; por ello, no se apoya la fase terminal o declinante de la vida.

Sienta asimismo, la obligación de la Iglesia Católica frente a las nuevas manifestaciones de la cultura de la muerte que pretenden la instauración de leyes a favor de la eutanasia y del suicidio asistido. La Iglesia -señala el Papa- "tiene la obligación de mantenerse fiel a su amor al hombre que es el primer camino que debe recorrer. A ella le compete hoy la tarea de iluminar el rostro del hombre, en particular el rostro del moribundo, con toda la luz de su doctrina, con la luz de la razón y de la fe, tiene el deber de convocar...a todas las fuezas de la comunidad y de las personas de buena voluntad para que alrededor del moribundo se establezca con renovado calor un vínculo de amor y solidaridad."


4.4.4 ARGUMENTOS A FAVOR DE LA EUTANASIA

Cada vez es son más grandes los movimientos que enarbolan la defensa de la eutanasia. En los últimos siglos, particularmente, en los Estados Unidos, ha existido una fuerte tendencia hacia ello, donde se busca brindar la máxima libertad al individuo.

A continuación presentaremos algunos de los argumentos a favor de la eutanasia:

1. El hombre tiene su derecho fundado en el principio de la Autonomía, es
decir, en el dominio de sí mismo, siempre que pueda manifestar su voluntad en uso de razón; debiendo el Estado permitir el ejercicio de su derecho con la regulación respectiva. El médico no debe convertirse en el dueño de la vida o la muerte, sino la persona afectada. El ser humano no puede tener sólo el derecho a la vida sino también el derecho a la muerte, derecho que deriva de la autonomía de la voluntad de todo ser humano;

2. El hecho de que la Iglesia mantenga su postura contra la eutanasia, no quiere decir, que el resto del mundo deben encontrarse tutelado por dicho punto de vista;

3. Las estipulaciones establecidas en el "testamento vital" deben ser jurídicamente vinculante u obligatoria para los profesionales de la salud, salvo que existan pruebas de que tales manifestaciones no provengan de la voluntad actual del paciente;

4. Un hecho subjetivo: "quienes no han visto nunca a un ser querido en el dolor, no podrán nunca comprender que se pueda bendecir al médico que tiene la humanidad de poner fin a semejantes sufrimientos y;

5. La muerte del doliente incurable atormentado por intolerables sufrimientos no es un bárbaro hecho de crueldad, no es un hecho inmoral, sino un acto humanitario.


V. LA EUTANASIA: UNA REALIDAD LATENTE

Sobre el tema de la eutanasia, podemos obtener algo muy en claro: No existe unanimidad de criterios en el tema; las posiciones son totalmente adversas; por un lado, los que se pronuncian a favor de la misma, aduciendo básicamente el principio de autonomía sobre la propia persona y de derecho a "morir con dignidad" y por otro lado, los que la rechazan tajantemente, dentro de los cuales se encuentra fundamentalmente, la Iglesia Católica, en base a que la vida es un don divino y debe ser Dios el único que podrá determinar el momento de la muerte.

Así, pues consideramos importante citar algunos casos que se han presentado y que mostrarán en la realidad ya palpable, los criterios adoptados en distintas sociedades:

1. En el año 1983, una norteamericana, Nancy Cruzan, fue víctima de un accidente automovilístico que la dejó en estado vegetativo, con la corteza cerebral dañada. Sus familiares solicitaron a la Corte Suprema la autorización para que se interrumpiera el tratamiento que la mantenía aún viva. La Corte Suprema decidió no otorgar la autorización por alegar falta de evidencia clara y convincente sobre la voluntad de la paciente, ya que la Constitución norteamericana protege el derecho de los individuos a rechazar tratamientos, pero la situación es diferente respecto a personas no competentes. Así, la Corte, entendió que debía prevalecer la protección de la vida, en interés de los pacientes no competentes, sin las debidas garantías sobre la actuación de los familiares y, principalmente, por las consecuencias irreversibles de los errores que pudieran cometerse.

2. Carlos Gómez Blázquez, enfermo de leucemia, en 1984, reclamó en España, a través de un programa de televisión y la prensa, el derecho a morir dignamente.

3. En 1991, el Doctor Chabot presta su ayuda a un paciente -a solicitud del mismo- que tenía serios problemas mentales. El médico fue procesado, amonestado por el Colegio de Médicos de Amsterdam, pero no fue condenado.

4. En 1994 el señor Cees Van Wendel recibió una inyección ante las cámaras del canal Ikon de la televisión Holandesa. Se encontraba acompañado por su médico y esposa. La primera inyección tenía la finalidad de dormir al paciente y la segunda era letal. El médico telefoneó al juez para dar parte de lo ocurrido.

5. En Barcelona, Ramón Sampedro, de 25 años, quedó parapléjico a causa de un accidente. A los 51 años, es decir, 26 años después, en 1994, se dirigió a los tribunales, con el objeto de recibir la ayuda necesaria para morir. La petición fue denegada. Ante esta negativa, acude a los tribunales de derechos Humanos de Estrasburgo. La argumentación de su abogado se basó en que la Constitución Española reconoce el derecho a la libertad y a la dignidad. El pedido no procedió.

6. Entre enero de 1997 y mayo de 1998, la francesa Christine Malevre, de 28 años, enfermera del Hospital Francois Quesnay, procuró la muerte de 30 enfermos incurables. Actualmente se encuentra siendo procesada y es muy probable que se le condene a 30 años de prisión. Su caso fue, en su momento, bastante cuestionado pues, los familiares de las "víctimas" se debatían entre el sincero agradecimiento y el más terrible reproche. No se sabía si considerársele una "santa" o una "asesina",

7. En Madrid-España, un sector de parlamentarios viene luchando porque se debata en el Congreso, en forma serena y tranquila, el tema de una posible legalización de la eutanasia. Es idea de los socialistas que la legalización de la eutanasia, como se busca en otros países europeos, resulta imparable si se cumple el prinicpio de que el legislador, en democracia, debe hacer legal lo que ya resulta real entre una mayoría significativa de sus representados. Por otro lado, también es fuerte el rechazo por esta despenalización, así por ejemplo, la ministra de Sanidad ha comentado que "la eutanasia es un delito y el Gobierno ni se plantea su depenalización."

8. Según información vertida por el Diario EL PAIS de España (2-5-2001), un estudio ha arrojado el siguiente resultado: el 15% de los médicos reconoce haber practicado la eutanasia activa, el 21% afirma conocer que se practica por otros y el 65% dice haber recibido él mismo la petición para aplicarla por parte de enfermos o familiares de éstos. Dicho porcentaje se eleva a 85% cuando la pregunta resulta contestada por las enfermeras. El mencionado estudio también se realizó entre la población, habiéndose obtenido que , el 16% de los familiares de los fallecidos cree que la muerte del paciente fue acelerada y, tres de cada cuatro encuestados afirma estar a favor de una legalización que le permitiera solicitar la eutanasia en el caso que llegara a sufrir una enfermedad insoportablemente dolorosa e incurable.

9. Un estudio realizado por la Vicepresidenta de la Asociación Derecho a Morir Dignamente (ADMD), estableció lo siguiente:

- En febrero de 1999, se informó a una Comisión Especial del Senado que el 70% de los españoles apoya el derecho a la decisión voluntaria de ser ayudados a morir dignamente cuando la enfermedad tiene un carácter de irreversible y;
- En el presente año, 2001, el estudio eleva a 75% los partidarios de la legalización de la eutanasia siempre que la enfermedad sea dolorosa y esté cerca.

10. En Francia, el ministro francés de Sanidad, ha visto por necesario iniciar un debate entre especialistas, diputados, médicos y asociaciones de enfermos a efectos de "evitar el choque de conciencias" . Esta iniciativa fue después de haberse enterado de una reciente encuesta que arroja el siguiente resultado: el 50% de los ciudadanos franceses son partidarios de aplicar la eutanasia "en ciertos casos" y el 38% de hacerlo "cuando lo piden las víctimas de una enfermedad incurable y dolores insoportables". Un 10% de la población estaría en desacuerdo total con la eutanasia y un 2% prefiere no pronunciarse al respecto.El propio Ministro Francés aún no puede adoptar una posición certera pues señala ..."siempre hay esperanza en los ojos de un enfermo" por lo que eso "hace difícil decidir a partir de qué momento se puede acabar con una vida.".

11. El Gobierno de Extremadura (España), ha regulado el derecho a la eutanasia pasiva a través de los llamados "Testamentos Vitales". En dichos documentos se expresa la manifestación previa del enfermo de decidir en forma anticipada sobre las actuaciones médicas de las que no desea ser objeto en el caso de sufrir una enfermedad terminal, es decir, el deseo que no se le prolongue la vida innecesariamente. Esto, no es otra cosa que la legalización de la eutanasia pasiva, es decir, el abstenerse del uso de métodos extraordinarios para mantener la vida. Esta nueva ley garantiza el derecho a la expresión anticipada de voluntades en los siguientes términos:

- Entiende por "expresión anticipada de voluntades", el documento en el que una persona manifiesta libremente las instrucciones a tener en cuenta cuando se encuentre en una situación en la que no pueda ya expresar su voluntad. El documento podrá incluir la designación de un intermediario ante el equipo de salud.
- Debe existir constancia fehaciente de que el documento fue otorgado en las condiciones exigidas por la Ley.
- La expresión anticipada de voluntades deberá formalizarse ante un notario o tres testigos mayores de edad y con plena capacidad de obrar, sin relación de parentesco hasta el segundo grado ni vinculados por relación patrimonial alguna con el otorgante.)
- Serán nulas las voluntades que se incorporen en el testamento vital que sean contrarias al ordenamiento jurídico.
- El testamento vital deberá ser entregado por el propio otorgante , familiares del mismo o por un representante legal en el centro sanitario donde el paciente sea atendido, incorporándolo a su historia clínica.

12. En noviembre del año 2000, Holanda se convirtió en la primera Nación que legaliza la eutanasia. La Cámara Baja del Parlamento votó 104 contra 40 para aprobar un proyecto de ley (Ver Anexo 2) que permite a los médicos ayudar a los pacientes a morir bajo condiciones estrictas. El argumento de aquéllos que votaron a favor, fue fundamentalmrnte, que lo que se busca proteger son los derechos de los pacientes, mientras que los oponentes, señalaban temores de abuso en la práctica. Esta ley exige que los adultos, previa información completa del médico que señale irreversibilidad en su mal, realicen una solicitud voluntaria y bien considerada para morir en vez de encarar un futuro de sufrimiento. Al día siguiente de la dación de la referida ley, El Vaticano, alzó su voz de protesta, señalando, a través de su portavoz, Joaquín Navarro Valls, que dicha ley "viola la dignidad de la persona humana y va contra la ley natural de la conciencia de cada uno...Esta ley va contra la Declaración de Ginebra de 1948, firmada por la Asociación Médica Mundial, y también contra los principios de ética médica de 12 países de la Comunidad Europea en la Conferencia de las órdenes profesionales de los médicos, en 1987. Finalmente, planteó entre otros, un situación crucial: el problema grave de ética profesional para los médicos que deberán aplicarla. Hay que recordar el juramento hipocrático que todo médico realizó: "No daré una droga mortal a nadie, si me lo solicitaren, ni sugeriré este efecto".

VI. SITUACION LEGAL DE LA EUTANASIA EN EL PERU

Nuestro Código Penal, en el título referido a los Delitos contra la vida, el cuerpo y la salud, tipifica el delito de "Homicidio por piedad", en el artículo 112 del citado cuerpo normativo; no se utiliza pues el término eutanasia.

El artículo 112 del Código Penal señala lo siguiente:

"El que, por piedad, mata a un enfermo incurable que le solicita de manera expresa y consciente para poner fin a sus intolerables dolores, será reprimido con pena privativa de libertad no mayor de tres años".

Tal como señala el Dr. Luis Alberto Bramont-Arias Torres , especialista en Derecho Penal, nuestra legislación ha tipificado en el homicidio por piedad a la eutanasia activa, mas no a la pasiva (no prolongar artificialmente la vida de quienes indefectiblemente están destinados a la muerte, en la medida en que tal alargamiento sólo traiga efectos de sufrimientos), ni la indirecta (que supone el adelantamiento de la muerte -que se conoce como cierta- mediante el suministro de medicamentos que sirven para mitigar el dolor físico del enfermo). Pero, no obstante tipificar el homicidio por piedad, el legislador lo ha atenuado disponiendo una pena máxima de 3 años pues brinda vital importancia al consentimiento expreso y voluntario del enfermo, colocando al que realiza la eutanasia como un mero colaborador, por lo que es este acto de colaboración lo que se castiga. Así, existen tres aspectos fundamentales para concluir que estamos, legalmente, frente a la figura de la eutanasia activa u homicidio por piedad: el móvil de piedad que es el que impulsa al autor del hecho, la petición expresa y consciente de la víctima y la existencia de dolores intolerables que hacen difícil la vida del paciente.


CONCLUSIONES

1. Según las distintas opiniones, la eutanasia plantea un problema de tipo ético del morir humano al plantearse la existencia de un conflicto de dos valores: el valor de la vida humana y el valor de morir dignamente.

2. Consideramos que no existe tal conflicto ético, la vida humana está por encima de cualquier otra consideración.

3. El llamado "derecho a morir con dignidad" plantea indiscutiblemente el siguiente problema: ¿el respeto por la vida humana supone aceptar una terapia distanásica o el derecho a morir dignamente apoya la tesis de la antidistanasia? Apoyamos la segunda tesis considerando así, que el derecho a morir con dignidad va de la mano con las técnicas antidistanásicas, pues no podemos alargar "artificialmente" la vida de un ser humano cuyo final, por su propia naturaleza, ya ha llegado.

4. Si deseamos utilizar la terminología de "morir con dignidad", consideramos que uno es más digno si acepta los designios que se le han trazado y no busca en un afán facilista, el camino más corto.

5. Asimismo, morir con dignidad, presupone un trato más humano y esto es, la dedicación que el médico pueda brindarle al enfermo, "acompañar" y "compartir la muerte" con él. Mantener en el lugar donde se encuentra el paciente (clínica, hospital, centro de salud, etc.) un clima humano y un contínuo diálogo hasta que llegue el final. Así también, juega importante rol el de los familiares y amigos que deberán sobrellevar el dolor que los inunda al contemplar con entereza y fuerza a un ser querido en cada instante de consumación, brindándole cariño, paciencia, comprensión ante los distintos estados de ánimos que los tratamientos y medicinas pueden provocar en él.

6. Consideramos perfectamente válido el "dejar morir al paciente", es decir, la eutanasia pasiva, entendida como la no utilización de instrumentos extraordinarios que "prolonguen" la vida del ser humano, una vida ya determinada por Dios como en etapa terminal. De hacerlo, estaríamos yendo en contra de lo dispuesto por Dios. Y, en caso que ya se estuvieran utilizando dichos instrumentos extraordinarios, de determinarse la muerte cerebral (que es totalmente irreversible, no existiendo esperanza alguna de que el paciente se recupere), no consideramos antiético el retirar dichos instrumentos.

7. Condenamos, la eutanasia activa, en todas sus manifestaciones, aún cuando medie la voluntad expresa del paciente. Consideramos, desde una óptica personal católica, que Dios da la vida y es Ël el único que puede disponer de ella. Los sufrimientos, tanto físico como espirituales, que pueden aquejar a un paciente en etapa terminal, deben ser considerados como pruebas, sacrificios frente a los designios de Dios.
   
 
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